




Que la vida sea una espiral en la que las historias se repiten cambiando el espacio y el tiempo, o si lo preferís, el momento y el lugar, es algo hasta poético.
Pero cuando se trata de un circulo que te rodea y gira constantemente no puedes más que como mínimo marearte.
Y allí estaba otra vez, imposible saber en que vuelta del círculo ya que todas eran iguales, pero con la consapiencia de saber que ya había estado allí antes. Como cuando visitas un lugar de la infancia que en tu recuerdo estaba almacenado como un sueño, pero sin necesidad de retroceder tanto.
Hoy debía ser un gran día, pero no lo era, sabía que terminaría la jornada rascando la misma puerta y eso no iba a dejarle disfrutar.
Solo le apetecía una copa de vino sin fondo y llorar.
(...) En cambio, Takk estaba concentrado en las cuestiones prácticas de comer humanos: que solían venir con un montón d componentes indigeribles, como reloje, comunicadores, cremallera de plástico, hebilla de metal y, ocasionalmente, cosas que no conocías hasta que te habías comido a alguien. Aquel ranchero de ovejas, por ejemplo, tenia unos clavos y tornillos de metal dentro; Acuña le dijo que algunos humanos se hacían atornillar los huesos rotos en su sitio en vez de arreglaros con una sesión de Curarrápida. Era una cuestión de precio. Todo lo que Takk sabia era que se le clavaban yerran incómodos (...)
El sueño del androide de John Scalzi
No es que se hubiera puesto sus mejores galas, pero lo había intentado.
Estaba muy cansada pero creyó ser capaz de arreglarse y salir un rato como lo hacía antes.
A veces no se daba cuenta de que el tiempo hace estragos.
Allí estaba sentada, arqueando los pies hacia afuera de tal forma que sus tacones parecian los que se pone una niña pequeña para jugar cuando su madre no la mira.
Y así pasaba el tiempo, últimamente tenia muchos momentos de esos para no pensar realmente en nada, como mucho tararear la misma estrofa de una canción que un día se supo pero que ya no recordaba. Una y otra vez.
Siempre lo mismo pero sin duda diferente.