sábado, 27 de diciembre de 2014

El último atalante

Ludovico Einaudi - Oltremare




Azota el barco el maremoto de sus sueños, de vez en cuando. Absurdamente lo pilla siempre desprevenido, tendido en la cubierta, quieto, perdido en el mar, capitán con bandera arriada.
Surge de la nada, de una imperceptible brisa que no acaba de distinguir si es él mismo girando la cabeza, en medio del implacable sol que azota la sed del naufragio sin agua.

Allí aparece la ola, gigante hasta donde alcanza la vista, avanzando sin piedad hacia su través, dispuesta a no dejar títere con cabeza. Acude presto a su timón y hace virar toda la rueda a una banda, a otra, pero es inútil pues viento no hay y tiempo hace que rompió las velas sin capacidad de recoserlas. Así que huele la dulce y húmeda espuma blanca que ya golpea su cara. Afirma los pies, aprieta la empuñadura y se somete al maremoto.

Ya se alza el barco en la curva de la ola, cientos de metros hacia el cielo, mientras la escora al mar es imperceptible pero arriba y abajo están cambiando drásticamente. Y justo en ese punto donde la inercia de los sueños y la tangible gravedad se anulan y desaparecen vuela en dirección a la atlántida de costado y cabeza abajo.

Y aun si la espesa barba de canas lo permitiera no asomaría un atisbo de sonrisa en los labios del  náufrago capitán, pues sabe lo que está por acontecer.

Cae el barco en el vacío, con su timonel aún firmemente agarrado, y tan veloz como llega a la superficie del agua se sumerge bajo el océano donde el salvaje y encarnizado remolino lo zarandea inerme, arrastrándolo al abismo de sus inexplicables e incomprensibles profundidades.

Cae preso el capitán, su barco y su universo, del sueño.


Abre los ojos, su cara está empapada, sus ropas también. El barco sigue a flote sin razón. Azota el sol el cuerpo tendido en la cubierta del capitán. Nada queda que beber. Alza la vista. El severo horizonte es de un azul perfectamente infinito e igual allí donde mire. Cierra ya los ojos olvidando las veces que la ola le arrastró, olvidando que volverá devota a su cita.

Duerme insomne el último atalante.

No hay comentarios: