Ya desde el primer día los puentes tibetanos fueron un constante en el recorrido. Obras de ingeniería nada tercermundista que impresionaban por el buen estado, la longitud que podían alcanzar, algunos de más de cien metros, y por la calidad misma de la construcción. La localización de algunos de ellos obligaba a pararse a divagar sobre el método que habían utilizado para pasar cables de un lado a otro del acantilado.
De vuelta en Pokhara fuímos al museo internacional del alpinismo, muy interesante todo sea dicho, y en él los puentes tenían su pequeño apartado con todas las variantes posibles y pequeñas réplicas a escala. Es una pena que no tuvieran fotos del proceso de construcción ni tampoco explicaciones al respecto porque a día de hoy sigo con suposiciones y teorías.![]() |
| Arriba a la derecha! |
Sólo uno en todo el camino estaba destruido y justo al lado otro lo flanqueaba, remarcando la importancia y el cuidado que en Nepal se les da a estas obras de arte, que de uno a otro lado del país se les ve conectando pueblos recónditos. Allí donde las pésimas carreteras ni se atrevían a acercarse un puente tibetano daba paso a los porteadores y las caravanas de mulas como si del medievo se tratara.



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