jueves, 31 de marzo de 2016

Incluso llovió de abajo a arriba

Pues si que ha llovido, aunque hay veces que parece que nunca hay agua suficiente.

Me siento alentado, hace poco coincidí con alguien que en un momento dado fue una importante parte de mi vida. Ahora con el tiempo, la perspectiva y mi capacidad de olvidar lo malo, entiendo muchas cosas, aprecio muchas otras, pero no me arrepiento del camino que elegí. Si tal vez de las formas. Es lo que tiene la vida, que acabas aprendiendo, normalmente por las malas, pero es que de las buenas poco solemos tener que decir, simplemente las disfrutamos, y así debe ser.

El caso es que quien dijo que las heridas las cura el tiempo tenia mucha razón, y al final queda una sensación de que lo que seremos es más grande que lo que no pudimos ser.

Claro, tiempo, pero cuando no ha pasado el suficiente todo duele, y crees que pierdes, y pierdes y vuelves a perder haciendo tu versión retorcida del corro de las patatas.

Solo espero que mañana podamos reírnos de todo esto y ser dos amigos que después de años quedan a tomarse unas cervezas y ponerse al día como si el tiempo no hubiera pasado.

Tiempo, sea lo que sea el tiempo.

domingo, 13 de marzo de 2016

De mayor quiero ser ceniza

De mayor quiero ser ceniza, y que cuando sople el viento no quede nada.

Mis grandes obras serán anónimas, ningún libro llevará mi firma, ningún niño mi apellido y ninguno de los arboles que planté un cartel con mi nombre.

Solo ceniza que se llevará el viento.

¿Qué tienes? ¿qué eres? ¿qué quieres? ¿cómo vas y de dónde vienes?

Solo ceniza que se lleve el viento.

domingo, 28 de febrero de 2016

Rumanía: De Málaga a Sinaia

Hacía ya varios años que no viajaba al extranjero y cuando surgió la oportunidad de hacer un viaje relativamente barato a un país de Europa del este la verdad es que ni me lo pensé.

No sé muy bien cómo surgió, pero llegamos hasta la página de Blue Air, una compañía Low Cost rumana, que ofrecía vuelos de ida y vuelta por 65€ a Bucarest. Miramos un par de alojamientos en un par de ciudades y nos pareció que podríamos conseguir alojamiento barato por unos 65 leis el día, lo cual, con el cambio a 4,5 leis por euro, lo dejaba a algo menos de 15€ la noche a dividir por dos personas. Los vuelos nos cuadraban para estar siete días, así que haciendo un simple cálculo el viaje, yendo de gitanillos, nos podía salir entre 150 y 200 euros inlcuyendo todo. Cierto es que hoy en día, y con el trabajo que me gasto, 200 euros son una suma a tener en cuenta, pero me apetecía mucho viajar. Si se le añade que iba acompañado de alguien que hablaba el idioma la decisión era bastante obvia. Así que planeamos el viaje para salir desde Málaga hacia Bucarest, pasar por Sinaia, Brasov y Bran y de vuelta a Bucarest para coger el vuelo de regreso. Siete días.

No sé cuánto me puedo liar aquí a contar ni qué interés puede tener. Pasaré de puntillas por algunos detalles que puedo considerar menos interesantes y alargaré otros más llamativos. Pero no quiero dejar de mencionar la dificultad que nos surgió para concretar el alojamiento. Reservar a través de booking o páginas similares aumentaba considerablemente el precio de la estancia, y buscar a través de inernet, esencialmente en la página de alojamiento turístico rumana Carta, nos llevaba a la situación de tener que llamar repetidamente a Rumanía por teléfono con el consiguiente coste timofónico (y nunca mejor dicho porque la mayoría de compañías rumanas ofrecen tarifas planas todo incluido, incluyendo llamadas al extranjero, por precios irrisorios). Afortunadamente conseguimos que nos echaran una mano desde el propio país para que nos gestionaran el trámite.

Ok, al lío. Salimos desde Málaga, como ya he dicho, y el vuelo fue... entretenido. No hay nada como que te amenacen desde el mismo día de hacer la reserva que tu acompañante tiene pánico a volar. Y símplemente no te lo crees mucho "Buah, lo pasará mal... pero ya, si sólo son tres horas y pico....". Pero cuando ves que su médico le receta diazepam para el vuelo, que faltan unas horas y está taquicárdica... a pesar de las pastillas, y que le caen lagrimones entre medio sonrisas drogaínicas mientras te dice "no sé cómo me he liado para hacer esto" aquello coge tintes de buzo en pánico. El vuelo en sí.... divertido...

Llegamos a Bucarest pasada la 1 de la mañana. Con la idea de ahorrarnos una noche de alojamiento habíamos decidido coger el primer tren de la mañana en Bucarest, creo que era a las 8, hacia Sinaia. Así que nos tocó esperar 5 horas en un aeropuerto vacío. Y como había poco que hacer decidimos comprar un par de cafés, una botella de agua pequeña y un paquete de tabaco por 75 leis. Y la primera en la frente, la primera que luego nos iría doliendo más y más a lo largo de los días. 75 leis puede parecer poco, haciéndo el cálculo mental unos 17 euros. 17 eurazos. ¿Y porqué los pagamos? Uno aquí en casa piensa que fácilmente se hace una simple cuenta y decides no pagar porque es mucho. Pero cuando estás allí, con dinero que nunca habías visto en tu vida en la mano, recién bajado de cuatro horas de vuelo, con precios que no reconoces y con ganas de sentarte a tomar un café porque te queda una larga noche por delante, la verdad es que no lo piensas demasiado. Aunque poco a poco, a medida que te vas tomando el café y echando el primer cigarro ya aquello lo empiezas a remover y se te empieza a atragantar, pero a esas alturas ya poco queda por hacer más que sentirse turista. A medida que los días pasaban y cenábamos en restaurantes por 65 leis quedaba cristalina tu estupidez y tu novatada.

Pasada la penosa noche en el aeropuerto, cogimos un taxi a la estación de trenes en el centro de bucarest, a unos 20km. Taxi, sí. Nos costó unos 5 euros el trayecto, y para ser la primera vez en Rumanía creo que merece la pena. Por la experiencia que hemos tenido creo que las estaciones de autobuses y de trenes de las ciudades grandes son espacios con cierto aire de inseguridad en Rumanía. Incluso en la estación central de Bucarest nos encontramos en el par de veces que lo transitamos gente con bastante mala pinta entre el bullicio habitual de una ciudad cosmopolita. De hecho ya nos habían avisado de que tuviéramos cuidado allí. Así que estando el taxi realmente barato y sin conocer demasiado el lugar no nos lo pensamos mucho. Nos subimos a uno de los oficiales que tenía el precio por kilómetro marcado en el exterior y tras adelantar por izquierda y por derecha al incauto que se atreviera a ponerse en el camino de nuestro taxista, llegamos muy, pero que muy rápidos a la estación.

A pesar de decir que había gente evitable en la estación, la mayorá de los que la poblaba era en general de lo más normal, y por normal me refiero a mi concepto de europeo, sea eso normal o no. Señores trajeados para ir a trabajar, mujeres emperifolladas en sus joyas bolsos y maquillajes, gente jóven de camino a sus estudios, otros con maletas de viaje, algunos vestidos cláramente con intención de ir a la nieve, con ropa de marca que está fuera de mi alcance y su delatora tabla de snow... Lo que viene siendo un trajín normal de cualquier lugar occidental a las siete y poco de la mañana en la estación central del país. Los únicos personajes que me llamaron la atención fueron los propios empleados de la estación, vestidos como mi mente se había imagido al tópico comunista, con sus gabardinas de colores apagados y sus gorros cosacos, oscuros o rojos.

Dentro del mismo recinto multitud de tiendas y quioscos coloreaban el ambiente. La mayoría eran una mezcla de panadería y bollería, sin recinto interior al que acceder, que vendían directamente a través de una ventanilla productos dulces y salados que los locales compraban sin cesar. Ojalá hubiera probado el repertorio completo, porque casi todas las empanadas, buñuelos, cruasanes, y demás delicias que no tienen semjanza con nada de aquí,
y que fuí probando en los variados locales a lo largo y ancho del país estaban espectacularmente buenos y absurdamente baratos. Con algo en el estómago y un café por un par de leis nos dedicamos a curiosear el resto de tiendas de periódicos, suvenires, bares, comercios de transporte y hasta nos dió tiempo de ir al baño del McDonalds del tío Sam que ocupaba el local más grande y más centrado de la estación.

Una vez hecho el curioseo de turno nos recogimos en los asientos de plástico del andén y esperamos a que el tren llegara, aprovechando para disfrutar del trajín de variopintas locomotoras viejas y robustas que daban esa sensación de robustez y aprovechamiento mezclado con óxido y desgaste que sólo un país del este te puede dar.

El nuestro llegó al poco rato, un tren moderno con forma parecida a los de metro modernos en Madrid, y con publicidad en todo su exterior. Como con los taxis, el mercado está liberalizado y existen varias compañías privadas que comparten las vías rumanas. Con algo de antelación cogimos el más moderno y rápido por un precio inferior a la oferta media de cualquier compañía comprándolos por internet desde España. Una vez dentro dejamos las maletas y tras pasar el controlador y comprobar que disponíamos de wifi y enchufes cerré los ojos y dormí como un bendito dos horas seguidas como quien pestañea unos instantes. Al abrir los ojos nos adentrábamos ya en las montañas y los bosques caducos y grisáceos llenaban las ventanillas.

Sinaia la primera mañana fue algo borroso. Localizamos nuestra casa, no nos gustó porque nos dijeron que había gente joven haciendo mucho ruído por la noche y decidimos cambiar en caliente. Al final nos gastamos algo más de dinero en un hotel por unos 20€ la noche ya que estábamos muy cansados. Soltamos las cosas en el hotel y para no quedarnos dormidos salimos a pasear un rato. Fuimos al banco a cambiar dinero ya que en el aeropuerto habíamos cambiado lo justo para llegar a Sinaia por la diferencia enorme de precio. Nos dimos una vuelta y a la una y poco estábamos yendo a comer a un restaurante céntrico. No estuvo mal, no estuvo espectacular. Algo de carne y una ensalada muy pobre y muy cara para lo poco que traía que a pesar de todo, café y cerveza incluída, nos costó unos 65 leis.

Nos habíamos levantado sobre las nueve de la mañana en Almería para acabar en Sinaia después de comer a las tres de la tarde del día siguiente. Quitando la minisiesta del tren eran treinta horas de primer día. Nos fuimos a dormir como arrastrados trapos poniéndonos el despertador para las siete de la tarde para aprovechar algo más el día.

domingo, 21 de febrero de 2016

El dolor de los campos aledaños

Darse cuenta de lo delicado de algunas sensaciones... como él que la primera vez que se la juega, lo pierde todo... 

Momentos en que los recuerdos se merecen más tiempo que la propia vida. Cuando no es lo que deseamos justo ahora lo que se antepone a lo que realmente queremos, sino el ruido del pasado, aunque el pasado fuera ayer.

Como un vaso caliente de cristal en el que vertimos agua fría de golpe, rompiéndose en mil trozos. Los grandes parecen los más importantes, pero son los más fáciles de recoger. Son los pequeños fragmentos los que se nos clavan días después en los pies descalzos.

Todos pierden en la carrera armamentística del dolor. Todos mienten cuando empiezan a querer. Querer no es amar y para amar no vale con querer. 

Como un mueble viejo en una casa nueva, como algo que solo extrañas cuando no está, como la permanente compañía de la soledad.

Ya, no me creo nada, ahora que todo es verdad.


La soledad no está tan sola...

jueves, 18 de febrero de 2016

Rumanía: Preview fotográfica

Dejo sólo algunas fotos del viaje a Rumanía. En cuanto tenga un rato tranquilo me pondré con un buen post, pero por ahora me apetecía dejar ya algunas fotos.

Bosques de Transilvania
Increíbles bosques con atmósferas de cuento.

Variado de Carnes
Comida típica, siempre abundante en carne e incluyendo mostaza.

Locomotora Retro
Trenes rumanos, antiguos y con estética retro algunos, aunque otros modernos incuyan enchufe e internet.
Castillo Peles
Castillo Peles, impresionante sorpresa, de lo mejor del viaje.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Curuchos rellenos de crema de canela y chocolate

El otro días había antojo de algo dulce y... unas cosita así muy a mano, cucuruchos de crema. 
Lo primero es preparar la crema, en este caso crema pastelera de canela y de chocolate.

Crema de canela:
- hervir 1 litro de leche con canela y cáscara de limón. Dejar reposar.
- Mezclar 150 gr de azúcar con 75gr de harina de maíz diluida en un vaso de la leche anterior ya fría.
- Añadir 7 yemas y un huevo.
- Calentar y añadir el resto de la leche sin dejar de remover hasta que espese unos 10 minutos.

 Crema de chocolate:
- hervir 1 litro de leche con las onzas de chocolate (al gusto).
- demás pasos igual que con la otra crema


Hay que tener en cuenta que estas medidas son para una cantidad ingente de cucuruchos rellenos, para una lamina de masa de hojaldre estandar, serían las proporciones para 1/4 de leche como mucho.

La crema formará una película dura por donde esté en contacto con el aire, por lo que lo ideal es meterla en una manga pastelera, pero sino se puede meter en un recipiente y filmar dejando el mínimo aire posible para dejarla enfriar.

Una vez lista la crema, preparamos el hojaldre.

Para ello lo cortamos en tiras que enrollaremos sobre unos cucuruchos de papel de horno si no tenemos moldes metálicos. Requiere de un poco de habilidad y mucha paciencia. 

También podemos hacer canutos, de manera parecida a los conos pero con forma cilíndrica que es más fácil. O cortar cuadrados que pondremos unos sobre otros con papel de horno en medio, la idea es que el peso del cuadrado de arriba impedirá que el de abajo suba, con lo que tendremos varias o una capa de hojaldre más plano y una ultima de hojaldre mas engrosado para la cobertura.



Una vez horneado el hojaldre (al que hemos dado forma) siguiendo las instrucciones del fabricante o lo que nunca falla, echándole un ojo durante el proceso, dejamos que se enfríe.

Y ahora viene la mejor parte, una vez que la crema y el hojaldre han enfriado, rellenamos de crema las diferentes formas y le damos un último toque de azúcar glas por encima.

Si no tenéis azúcar glas, siempre podéis moler un poco de azúcar normal en el mortero.



jueves, 28 de enero de 2016

Sangre en el horizonte. Delante, detrás, aquí.



¿Y a quién le importa?¿Y qué más da?¿Y porqué sigue soplando el viento en la estación? Y yo qué coño sé... Cada uno con sus cargas ¿no? Maldito tullido emocional, odio tus palabras, odio tu dolor. Te desprecio. Traga barro y vomita bilis negra, disfruta de tu agonía porque será el último sentimiento pleno que tendrás, y hasta eso echarás de menos cuando ya no te quede nada que sentir. ¿Y a quién le importa?¿Y qué más da? Y yo qué coño sé. Y a mi qué coño me importa. Traga y calla.
Traga, traga, traga, traga, traga, traga, traga....!

martes, 26 de enero de 2016

Caminante no hay camino

Caminante no hay camino, se hace el camino al andar... Golpe a golpe, paso a paso.


Mucho mejores las mañanas que empiezan con música.

lunes, 25 de enero de 2016

Un chien andalou: un perro andaluz en el Reina Sofía

El otro día estuve de pateada por el Reina Sofía. Como en todos los museos, resulta casi imposible verlo entero y estando al 100% en un solo día.

Al salir me di cuenta de que con la entrada puedes entrar y salir de las instalaciones las veces que quieras, y pensé en que no es mala opción ir un rato por la mañana y luego después de comer otra tanda más.

El caso es que en una de las salas proyectaban el cortometraje de Luis Buñel Un chien andalou.

Y como la entrada al museo es gratuita lunes, miércoles y sábados de 19:00 a 21:00h y domingos de 13:30  a 19:00, volveré a ver la proyección.

sábado, 16 de enero de 2016

Una hoja del bosque en medio de la calle

X+Y, película que apenas he terminado de ver y que me ha encantado. Hace semanas que me apetece poner algún comentario sobre las películas que veo últimamente, aunque sólo sea para decir esta merece la pena y esta otra es tiempo perdido. Para mí, esta lo merece, un buen insomnio bien gastado.

A parte, no consigo que mi cabeza deje de pensar que todas las canciones se cantan para mí, por mí, o de alguna otra manera que aunque torcida siempre encaja en algún resorte de mi cerebro, mi recuerdo o mi negrura, ya sea momentanea o permanentemente.

Hoy dejo como muestra de esta interminable colección la que cierra la película. No es que me guste especialmente, es sólo un gris apagado en el catálogo de colores de la colección.


Afortunadamente la película nada tiene que ver

martes, 5 de enero de 2016

Una nueva muesca en la pared


Es curioso como hechos que en principio no tienen nada que ver, terminan enlazándose para ser una única historia.


A veces es tan duro mirar hacia atrás como no hacerlo, y solo las huellas ensangrentadas por las esquirlas del camino señalan el rumbo que hemos seguido, pero aunque creamos intuir la trayectoria venidera, lo cierto es que no sabemos nada.


Yo, no sé nada, solo intento con paso firme, ver que se esconde tras el horizonte.

viernes, 1 de enero de 2016

Y un limón para empezar el año

Uno de esos limones amargos y dulces.

Feliz año

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Un calamar gigante

... para acabar el año

domingo, 20 de diciembre de 2015

Sentado en la estación que construí en medio de la nada, con este permanentemente amargo sabor y la eterna sensación de haberme bajado de mi tren en marcha. Incapaz de apartar la vista de las vías de un solo sentido que se pierden en un precioso horizonte lleno de tierras boscosas, mares azules y montañas nevadas.

La sigo viendo cada día, en cada pájaro que me sobrevuela, en cada gota lluvia que me moja. En cada paso que doy alejándome de las vías hacia lo más profundo del bosque denso y oscuro, intentando dejar atrás mi camino, mi pasado, mi futuro perdido, sólo para encontrarme de nuevo sentado ante las abandonadas vías, mirando cual imbécil a lo lejos por si consigo divisar la cola del último vagón.

Se alejó hace ya mucho, ya lo sé, me repito mientras la veo en las nubes del cielo, en las flores y las hojas, en el negro de mis párpados cerrados. Se marchó para no volver hace ya muchísimo, lo sé, soy consciente de ello mientras mi esperanza se oculta entre los árboles, jugando al escondite conmigo divertida como las hadas, como los seres imposibles, mágicos e imaginarios lo son. Revolotea en este bosque, la escucho corretear entre la hierba, veo el tenue resplandor de su presencia y la única forma de no jugar con ella es cerrar los ojos y taparme los oídos. Y entonces la huelo en la humedad de la tierra, en la oxidación de las vías, la huelo a en la tristeza de este lugar, y en la alegría de su recuerdo, en la penetrante amargura que lo acompaña.

Y camino y camino con su olor que me abandonó hace ya mucho, que abandoné ayer, eternamente consciente de mis actos, de mi arrepentimiento inútil y mis merecidas y justas miserias que sinceramente ya no quiero contar a nadie, ni de que nadie las sepa ni las oiga. Son mi carga y mis cadenas que huelen a tufo podrido. Y camino y camino para que la brisa me haga olvidarlo, juro que lo hago, pero por mucho que camine es lo único que mi sudor desprende, y al final me encuentro siempre ante estas vías por mucho que camine en línea recta y a cada paso me intente alejar de ellas. Ni un solo día me he dormido sin tener al lado este olor oxidado, oyendo el silencio de las ruedas que se marcharon en el frío hierro.

Acabo de ver a un precioso conejo. Estaba pariendo. Y la ha visto, en él, en su preciosa cría, en la tierra en la que daba a luz, en el conejo padre que la acompañaba. La he visto de nuevo en mi tristeza, en mis párpados cerrados, en mi alegría por ver algo tan maravilloso tenía su esencia tan clavada como la amargura que la acompañaba.

Hace tiempo que camino y camino, acompañado de este pequeño loco peludo. Ya no estoy perdido pues esta ya es mi casa. Me he acostumbrado a vivir en la soledad de este bosque. Visito los árboles, exploro en busca de comida, conozco sus hojas y sus flores, cazo y bebo sus aguas. Mi vista se ha adaptado a la oscuridad. Ya no tengo la intención de marcharme, no por la esperanza que se esconde por aquí, sino porque esta estación soy yo, soy lo que seré, y quizá ya pueda decir que soy lo que he sido hace mucho tiempo, mucho camino.

Dejé de querer escribir este diario, hace tiempo que pensé en abandonarlo, ya mis palabras son sólo para ms oídos, y ¿porqué las sigo escribiendo escribiendo aquí? Para ella, la que estaba aquí conmigo, la que abandoné, la que ya no existe pues se marchó sin mirar atrás y ahora es otra ella que ahora está en un futuro que yo soy incapaz de alcanzar y a la cual no deseo que le lleguen mis palabras. Me repulsa pensar en la pena que pudiera causarle, me daría asco oler mi tufo en ella.

Con el tiempo he dejado de querer dejar de escribir en este diario puesto que aquí llego cuando acabo de caminar cada día. Ya lo he asumido. Suerte a los premiados, este es el mío, este es mi sitio, aunque nadie lo lea, aunque todos lo lean, aunque nadie lo entienda, aunque crean que es mi punto de partida este es mi lugar, mi vida se vive aquí, aquí hoy, no aquí hace ya mucho tiempo, ayer. Esta es mi sala de estar y lo será. Mi pena no es una transición, soy yo. El hogar del vagabundo es este lugar perdido, este lugar sin techo ni cobijo que me resguarde de mí mismo. Lo he ido decorando y ha perdido cierto toque sombrío. Jugaré al escondite con mi esperanza, a veces jugaré a pillarla sin que jamás me dé sus regalos, a veces jugaremos a que yo me escondo e intento huir de ella.

Y para tí mis mejores deseos, no te acuerdes de mí y si lo haces espero que no te llegue mi olor. Te mereces todo lo que perdimos junto con todo lo que nunca te dí. Sé que lo sabes, pero sólo por un día lo dejo aquí, porque sí, porque te echo de menos, porque te quedaste aquí a mi lado y ella se fué en busca de una vida mucho mejor en la que no la traicionen ni la desmerezcan, o en busca de lo que desee. A ella nada puedo decir puesto que nada sirve ya, nadie escucha ya. A tí que te quedaste aquí para acompañarme, para que te pudiera ver en cada árbol, en cada hoja, en cada conejo, a tí te digo que te quiero. Aunque ya no seas sigues existiendo en mí. Gracias por acompañarme y decirme todas esas palabras que me hacen querer ser mejor, todas aquellas cosas que me dijiste y que hoy resuenan en mi cabeza más fuerte que nunca. Quería decirte que te sigo intentando hacer caso, hacer cosas que nunca hice, que me espoleas cuando ya no tengo ganas, que me echas la bronca cuando lo necesito y me animas cuando estoy triste. Que sabes que sigo siendo el mismo idiota y que te seguiré fallando, pero junto a tí puedo ser lo que quiera. En esta casa. En este lugar. En estas vías sin tren yo te sigo amando. Deséanos suerte.

jueves, 19 de noviembre de 2015

No es que no piense, es que ya no escribo, pero hoy, no sé por qué, París, Texas

Estaba en la cama (estoy), y como cada noche, evitando el sueño me asaltan mil disertaciones. De pronto he caído en la cuenta de que ya nunca escribo y no es porque no tenga grandes historias en la cabeza. Las verbalizo mentalmente, con su prosa, su estilo, su verborrea... pero nunca llegan al papel... quizá demasiado lejos, quizá demasiado frágil...

Y no sé como, ya ha pasado mucho desde que el pensamiento se originó, he pensado en que suelo bromear sobre que sacarme el carné de conducir fue la peor experiencia de mi vida, y no es que no esté entre las primeras (que lo está, y mucho), pero hay una peor claramente. De ahí he pasado a pensar en la tercera, y la cuarta me ha hecho sonreír.

La primera, y por desgracia no la última, vez que me rompieron el corazón. Da igual que no fuera real, da igual que no nos conociéramos, tampoco importa que yo estuviera con otra persona.

No sé si fueron horas, días, semanas... no llegaron a meses. 

Recuerdo que cuando me contó que había conocido a alguien pensé algunas cosas, que realmente debía ser especial para hablar así de ella, una parte de mi solo creía que era la mala escusa de un cobarde, me inquietaba que me importase tanto cuando yo en realidad no estaba dispuesta  a nada, y entre risas y lágrimas me preguntaba porque a ella si la había podido besar después de estar conmigo pero al revés no.

Ahora que caigo, creo que estuvieron bastante tiempo juntos, no sé muy bien como acabó esa historia.

Recuerdo reírme mucho, recuerdo locuras, compramos una botella de tal vez ron y celebramos nuestro entierro en vida, curiosamente al final de esa noche acabé visitando a la otra persona que mucho después se ganaría mi corazón de un modo que hasta entonces yo no entendía.

Recorrimos las calles de Madrid de acera en acera muchas noches, o tal vez solo unas pocas muy largas.

En una ocasión me destrocé las rodillas en el suelo de un parque después de andar lo que me pareció demasiado para comprar condones, y ni si quiera recuerdo si esto fue antes o después.

Tras mi despecho, le hice un gran regalo, estuve a punto de no hacerlo, no por rencor ni nada de eso, quería hacerlo, sabía que era algo que quería ese amigo que aún quedaba en él, pero me asustaba que pensase que los motivos eran otros. Una amiga me dijo, "si te apetece, hazlo" y eso hice, y sigo haciendo desde entonces.

Me traiciona la memoria sobre momentos, pero recuerdo que sin haber nada siempre hubo algo. En una ocasión se coló en mi ducha. Sinceramente nunca hecho el pestillo del baño, llamarme paranoica pero no quiero resvalar y que pasen horas hasta que alguien me encuentre desangrada en la ducha. Lo último que me esperaba es que alguien entrase, pero reconozco que fue divertido, y es una anécdota que no he contado lo suficiente.

Sé que nos hicimos promesas que no cumpliremos, posiblemente porque ni yo soy la persona que era cuando lo prometimos, ni él es ya la persona a la que se lo prometí.

También sé que él nunca creyó la historia de que llevase un tatuaje por su desamor, creo que nunca creyó en que hubiera amor, pero así son ambas cosas, al menos a mi manera.

Una vez él escribió un relato que yo nunca entendí.

Y aunque somos dos extraños que intentan no serlo en ese par de ocasiones que se ven al año, que piensan que tal vez algún día vuelvan a descubrir la amistad que hubo, siempre nos quedará París (Texas)